¡A por las américas!

Cuaderno de Bitácoras: Pensaba ¿si la tierra es redonda, alcanzaré Las Indias por el oeste? Las crónicas se encontraban en mi contra, pero dicen que las hazañas vienen de mano de quienes se les considera locos ¡pues allá vamos!



¡Perdón, tendréis que saber quién soy! Me llamo Cristoforo ¡sí, mis padres fueron demasiado originales! Sobre mi nacimiento se ha dicho de todo, aunque nadie ha comentado que pudiera formar parte de una familia de dragones… Ahora hablando en serio, nací en Génova; teniendo desde pequeño una fuerte conexión con el mar, al que dediqué el resto de mi vida.

Ya siendo adulto, un Naufragio me hizo llegar a las costas portuguesas, tras un combate naval del que sinceramente no salí demasiado bien parado. Había conocido nuevas tierras, y llegaron a mí rumores sobre lo complicado que se estaba poniendo el comercio exterior ¡era imposible comprar un puñado de especias con el que aderezar los guisos! La impotencia que me producía esta situación me llevó a plantearme si no sería posible el burlar las aduanas a través de una nueva ruta hacia Cipango ¡aquellos hombres de mirada estrecha tenían verdaderas delicias!

Ensimismado en mis pensamientos, me crucé con unos escritos de un ilustre matemático llamado Toscanelli quien conocía bastante bien las rutas que en su tiempo había contemplado el famoso Marco Polo. Movido en parte por la admiración, que como navegante sentía hacia este mítico hombre, decidí sumergirme en la lectura de sus escritos, en los que afirmaba que el Lejano Oriente era más cercano de lo que creía si seguías la ruta adecuada. Fue de tal modo, que decidí  embarcarme en una aventura que me llevaría a alcanzar una tierra que nunca podría imaginar.



No obstante, los problemas me pisaban los talones, como venían haciendo durante toda mi vida, puesto que era un loco que se creía capaz de alcanzar imposibles ¡pero nunca me desanimé! Busqué entre mis conocidos portugueses a quien fuera capaz de valorar mi empresa, pero fracasé en el intento, de modo que encaminé mis pasos hacia la corona de Castilla. Me habían hablado de un fraile con contactos dentro de la corte, de modo que era mi oportunidad ¡en marcha!

No quiero que os dé sueño recordando todos los acuerdos que establecí, pero debéis saber que salí bastante beneficiado de las Capitulaciones de Santa Fé, aunque después no todo sería tan fácil ¿Pensábais que había desaparecido mi locura? Para los habitantes de Palos de la Frontera, donde debía reclutar marineros, estaba destinado a morir en el mar ¿quién en su sano juicio buscaría nuevas rutas cuando las viejas funcionan? Solían repetir “sale de Guatemala para meterse en Guatepeor” lo que no sabían es que no les faltaba razón.
Emprendimos la marcha de la mano de un sol abrasador que poco a poco nos fue abandonando. En la madrugada del 12 de Octubre, desanimados por el largo camino, un halo de esperanza nos devolvió la fé ¡Tierra a la vista! Pisamos un suelo firme cubierto por verdes plantas y ricas frutas que fueron testigos de la toma de estas tierras en nombre de los monarcas, Fernando e Isabel.

En Guanahaíni intercambiamos productos de todo tipo, los taínos conocían cosas que nunca hubiéramos imaginado, de modo que quisimos mostrarnos agradecidos por su recibimiento vistiendo a una de sus más hermosas mujeres con algunas de nuestras más preciadas prendas, aunque creo que no quedó demasiado convencida.

Fue curioso el modo en que poco a poco caí en la cuenta de que los nativos de aquellas tierras tenían un sempiterno aspecto sospechoso, muy diferente al que me esperaba, a pesar de lo cual, continuaba defendiendo mi idea ¡por fin estaba en las Indias, había ganado! Al menos eso creía; además me encantaría saber qué pensaban ahora aquellos portugueses que me negaron su ayuda ¡seguro que se tiran de los pelos!

Tras una placentera estancia en lo que para nosotros era un paraíso tropical, emprendimos rumbo a España [o las españas], donde había concertado una cita con sus majestades. Recuerdo Barcelona con especial cariño, allí nuestras aventuras fueron reconocidas, necesitaba ampliar mis dignidades ¡no todos los días se alcanzan las Indias!  Esto no hizo por menos de avivar mis deseos de visitar de nuevo aquellas tierras cruzando el mar un número incontable de veces, descubriendo a cada odisea un nuevo firme más indescriptible que el anterior.

Tras varias idas y venidas al territorio patrio, llegó la hora de comenzar el que sería mi último viaje. Estupefacto ante la India que había conocido, decidí titularme como almirante, virrey e incluso ¡gobernante! de las maravillas descubiertas.



Cuentan que tras mirar el mundo por última vez mi cuerpo fue trasladado por mar hasta la isla de Santo Domingo, desde donde volví a España para descansar con mi  paciente esposa en la Catedral de Sevilla.

Me siento orgulloso de haber participado en una hazaña que configuraría el mundo, de modo tal que puedo despedirme ahora de él.

Atentamente,

Trogli Colón.

 

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